Adicciones y degeneraciones

Thomas De Quincey, Fuente Wikipedia
“En algún lugar, no sé dónde, de alguna manera, no sé cómo, unos seres, no sé cuáles, libraban una batalla, un combate, una agonía que se desarrollaba como un gran drama o una composición musical; mi inquietud era tanto más difícil de soportar, puesto que ignoraba el sitio, la causa, la naturaleza, el posible resultado de la lucha. Como suele ocurrir en los sueños en los que por necesidad nos volvemos el centro de todo movimiento, yo tenía y no tenía poder para decidir el combate.”
Confesiones de un opiómano inglés
No he encontrado a alguien que describa mejor la esclavitud a que es sometido el ser humano bajo una adicción que el autor Británico Thomas De Quincey (1785-1859). La particularidad de De Quincey consistió (en mi opinión) en su especial y artística sensibilidad en virtud de la cual describió y apreció las consecuencias de una adicción en un ser humano. En su famoso libro Confesiones de Un Opiomano Inglés el escritor narra los que el considera como aspectos positivos y negativos de la adicción al Opio. Pero en sentido general lo que De Quincey plantea es aplicable a cualquier adicción.
Existen dos aspectos fundamentales en cuanto a este tema. Primero la adicción nos destrulle moral y físicamente, pero lo segundo es que el adicto en sí “tiene y no tiene poder para decidir su conflicto” tal y como lo expresa el autor en la cita contenida en el encabezado de este post.

Josef Fritz
Casi a mediados del año 2008 se destapó un escándalo familiar en Austria. Se trata del secuestro e Incesto de Elizabeth Fritz a manos de su padre Josef Fritz quien abusó de ella durante 24 años, los mismos que duró el secuestro de Elizabeth Fritz en el sótano de uno de los edificios de su padre. De esa anómala y aberrante relación nacieron siete hijos, muriendo uno al nacer. Se cree que el evento que determinó que fuese conocida esta trajedia familiar fue la enfermedad de uno de los niños que permanecían en el sótano, hecho que hizo que Elizabeth se pronunciara de tal manera que hizo que Josef F. llevara el niño a un hospital en donde al revisarle la ropa encontraron una carta escrita por la secuestrada lo que puesto en conocimiento de las autoridades desencadenó una serie de eventos que culminaron con la detención de Fritlz y la liberación de su hija y de parte de sus nietos que vivían en el sótano del edificio donde residía Fritz.
En esos días se habló mucho del caso del Mounstruo de Amsteten, como (sin exagerar) fue denominado este sujeto. Mucha gente opinó, y entre los reportajes que alcancé a ver sobre la trajedia me llamó la atención la escueta opinión de un Médico Español que ante la pregunta de ….Cómo pudo mantenerse esa relación por tantos años?, el Doctor contestó esto con una una pregunta simplísima que a la vez tenía (a su juicio) parte de la respuesta al problema planteado, y dijo: …cuantas personas (o cuantos de nosotros, no recuerdo) han tenido una relación negativa, o incluso enfermiza de la cual, le ha costado separarse?, Nótese que ciertamente personas que viven en libertad (no sujetas a un encierro obligatorio) les cuesta romper con individuos (hombres o mujeres) que les hacen daño, que les lastiman y les perjudican y obviamente durante un encierro de veinticuatro (24) años una relación de dominación-sumisión adquiere muchos matices.
Obviamente Elizabeth Fritz no podía escapar de su captor durante su terrible experiencia por lo cual ella no tenía poder para decidir el combate cuando quisiera. Sin embargo, aquellos que estamos sumidos en una relación, un vicio (sea legal o ilegal), o en cualquier práctica que consideramos contraria a nuestros principios y educación y no podemos salir de ella, o bien, no podemos abandonarla definitivamente, encajamos perfectamente en el ejemplo pregunta-respuesta que hizo aquél Doctor que he citado. Estamos en libertad, nada nos aprisiona, podemos decidir donde ir, con quien hablar, qué comprar, que beber, con quien hablar, a quien visitar y a quien no buscar y paradójicamente no podemos decidir el combate, aun cuanto Teórica y Objetivamente puede demostrarse que podemos. Sencillamente hay algo que perfectamente podemos dejar de hacer; alguien con quien podemos dejar de hablar o compartir; algo que podemos dejar de usar y sin embargo no podemos dejar de hacerlo.

Pastor Ted Arthur Haggar, fuente: CNN
Si todavía usted no ha entendido el punto, pondremos dos ejemplos mas los cuales son sumamente contundentes, especialmente el último de ellos. El primer lugar tenemos el lamentable caso del Pastor Ted Arthur Haggard, conocido en Estados Unidos como el Pastor Ted Haggard o simplemente Pastor Ted. Haggard fue un evangelista fundador de la Iglesia Nueva Vida ubicada en Colorado Springs y líder de la Asociación Nacional de Evangélicos de USA desde el año 2003 al 2006, que tuvo que ser removido de su cargo luego que en Noviembre del año 2006 un ciudadano llamado Mike Jones quien era (o es) Prostituto homosexual hablara a los medios sobre la relación homosexual que el Pastor Haggar mantenía con él; relación ésta que involucraba además la compra de metanfetaminas, esto durante tres años. El Pastor Haggard públicamente ha predicado que: “Respecto al homosexualismo no tenemos ningún debate, pues este tema está claro en las Escrituras”. Sin embargo el Pastor Haggar tuvo que admitir luego de investigaciones de la prensa y los medios que las acusaciones de Jones eran ciertas y que había estado envuelto sexualmente con Jones por tres años en los que compró metanfetaminas mientras era Pastor y líder de la Iglesia New Live Church (Iglesia Nueva Vida) de Colorado Springs y por la duración de su relación homsexual (tres años) se infiere que esta se desarrolló, incluso, durante la época en que Haggar era líder de La Asociación Nacional de Evangélicos (2003-2006). Estamos pues ante un hombre que provenía de una familia cristiana, casado, padre de cinco hijos, líder de una iglesia y figura prominente del mundo evangélico norteamericano, que confrontó un conflicto entre sus inclinaciones o tendencias y los principios y valores en que había sido formado desde su hogar paterno. Ted Haggar creo que avanzó en la vida (especulo) creyendo que podría zafarse de su tendencia homosexual, formó un hogar, tuvo hijos y viviendo en un País donde podía escojer lo que quisiera, escogió la carrera de Pastor o predicador, terminó entregado a la más plena HIPOCRESIA porque aunque en algún inicial momento seguramente pensó que podría abandonar la practica del homosexualismo, en realidad simplemente él estaba subyugado por pasiones respecto a las cuales, al igual que escribió De Quiencey, Hagger tenía y no tenía poder para decidir el combate.
Y aclaro que no defiendo a Hagger, simplemente entiendo que una persona con determinada formación, proviniendo de determinado hogar y dotada de determinadas creencias y valores puede tener inclinaciónes o incurrir voluntaria y pasionalmente en practicas (usar drogas, cometer actos de corrupción, homosexualismo, adulterio, abuso sexual etc) totalmente contrarias a la escencia de lo que idealmente acepta como correcto.
El último ejemplo que quiero citar es el del Apostol Pablo, a quien en gran medida debemos que el Cristianismo se haya difundido en todo el mundo, ya que él fue el principal Apostol en la tarea de llevar el Evangelio a los Gentiles quienes son todos aquellos pueblos o personas de una nacionalidad u origen distinto al Israelita o Judío.
El Apóstol Pablo quizó ilustrar a sus lectores sobre los conflictos que entraña el seguir un estilo superior y más elevado de vida como lo es el Cristianismo, y escribió sobre sus propios conflictos y lo hizo de una manera muy clara en su Carta a los Romanos en la que se puede leer lo siguiente:
Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
El Apóstol lo resume todo en esta sentencia: “No hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago”, habla aquí de un conflicto entre lo mental o ideal en nosotros y otras tendencias que también moran en nosotros y que son retratadas en la siguiente declaración: “Yo sé que en mí, esto en mi carne no mora el bien”. Esto se hace más claro en lo que el Apóstol escribe a seguidas, veamos:
Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a ley del pecado que está en mis miembros. Miserable de mí!, Quién me liberará de este cuerpo de muerte?
Hemos visto que el Apóstol Pablo no pudo escapar al combate y que en la medida en que decidió seguir un camino o patrón de vida Superior, como lo es el Cristianismo y su ética moral confrontó conflictos como los que quedan acreditados anteriormente, respecto a los cuales dice al final del pasaje a la Carta de Romanos, que citamos:
Gracias doy a Dios, por Jesucristo, señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado.
El conflicto en definitiva es insoluble. Es lo que emerge de la última sentencia de Pablo, estamos condenados a vivir con una estructura de valores, ideas y principios apareados no muy bien con una serie de actos, prácticas, o cuando menos acciones y pensamientos (nuestros) que se contradicen con nuestros ideales.
He dedicado este post simplemente ha plantear el problema. Aun no tengo la solución al conflicto, y tengo que buscarla no tanto para ustedes, sino para mí.


